Aumento del IRPF versus aumento del IVA

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Hoy en e-autonomos.es os traemos un artículo de opinión de Alejandro Menéndez Moreno, catedrático de derecho financiero y tributario que nos habla sobre el incremento impositivo que ha supuesto las medidas fiscales contempladas recientemente incrementando el IRPF y no el IVA.

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Según Alejandro Menéndez, esto ha sido una gran sorpresa puesto que a priori es más probable en un partido conservador el incremento del IVA que el del IRPF. Acto seguido, nos habla de las características y consecuencias de contrastar los incrementos entre estas dos figuras impositivas.

Concluye que la imposición sobre la renta es más justa y equitativa ya que recae sobre el conjunto de bienes y derechos que se incorporan al patrimonio de las personas físicas durante un determinado período de tiempo mientras que en contraposición a esto, el incremento del IVA hubiera significado gravar el consumo y no la renta. Gravar por lo tanto las adquisiciones de los ciudadanos para satisfacer sus necesidades.

Aquí tienes el artículo íntegro:

Para un buen número de ciudadanos las medidas fiscales contempladas en el Real Decreto-ley 20/2011, de 30 de diciembre (BOE del 31), han supuesto una doble sorpresa. La primera que se haya producido un incremento impositivo, y la segunda que ese incremento haya afectado al IRPF y no al IVA.

Personalmente me ha parecido mayor sorpresa lo segundo que lo primero. Lo digo porque, sin entrar en si el Gobierno tenía o no la certeza del descuadre de las cuentas presupuestarias, era harto probable que al menos tuviera la intuición de que ese descuadre existiera. Entre otras razones porque en los últimos meses, el partido del actual Gobierno le había reiterado al anterior que su previsión del déficit presupuestario sería ampliamente desbordada. La comprobación del incremento de ese déficit presupuestario en más de 2 puntos porcentuales y la urgencia de corregirlo, justificaban la inmediata adopción de alguna medida fiscal tendente a reducir dicho déficit.

Que la medida adoptada haya sido la de elevar el IRPF en lugar de incrementar el IVA, ha supuesto, como he dicho, mayor sorpresa que el incremento en sí de la fiscalidad de nuestro ordenamiento. En primer lugar, porque a la esperada acusación del principal partido de la oposición de que el Gobierno había incumplido su promesa electoral, este podría responder fácilmente que no había hecho nada distinto de lo que ya ellos antes habían aprobado. Y en segundo lugar, la medida resulta sorprendente sencillamente porque a priori es más esperable en un partido conservador el incremento del IVA que el del IRPF.

Pero dicho esto, conviene centrarse en las características y en las consecuencias de contrastar los incrementos entre estas dos importantes figuras impositivas.

Con carácter general se considera que la imposición sobre la renta global de las personas físicas es más justa y equitativa. Esta figura impositiva recae sobre el conjunto de bienes y derechos que se incorporan al patrimonio de las personas físicas durante un determinado período de tiempo (normalmente un año natural). Significa esto que el impuesto detrae una parte de la “nueva riqueza” de los contribuyentes respetando su patrimonio, y como además recae sobre la totalidad de su renta, puede hacerlo con tipos de gravamen progresivos, esto es, con tipos que se incrementan a medida que lo hace también la renta obtenida en el período impositivo, discriminando la carga del gravamen en función de la cuantía de renta obtenida, configurándolo así como un tributo equitativo y justo. Además, los impuestos generales sobre la renta de las personas físicas suelen tomar en consideración -como sucede en la legislación española-, a la hora de precisar el alcance de la deuda fiscal de cada contribuyente, sus circunstancias personales. De esta manera, el montante de lo que a cada uno le corresponde pagar se modula en función de tales circunstancias: su estado civil, el número de hijos, su edad, su convivencia con los ascendientes, etc., etc. Las características, pues, del IRPF, permiten concluir -al menos en una valoración inicial que luego deberemos matizar-, que desde la perspectiva de la justicia fiscal la figura resulta idónea para la financiación de los gastos previstos en los presupuestos de los entes públicos.

En contraposición a todas estas “virtudes”, el incremento del IVA hubiera significado gravar el consumo y no la renta. Gravar por lo tanto las adquisiciones de los ciudadanos para satisfacer sus necesidades y, en ocasiones –debe reconocerse-, también sus caprichos. Pero puede decirse que, en términos generales, se grava a todos por igual, que no se distingue –ni puede hacerse- entre el gravamen de lo necesario y lo que puede ser superfluo. De esta manera, por ejemplo, la compra de comida, puede ser un síntoma de glotonería o, por el contrario, de que el comprador tiene una familia más amplia y por eso necesita comprar más. En definitiva, el IVA, en cuanto impuesto que grava el consumo, no recae sobre una manifestación de riqueza tan expresiva y consistente como lo es la renta, ni tiene tampoco la capacidad de adaptarse a las circunstancias personales y familiares de sus destinatarios como puede hacerlo el IRPF.

No obstante, es imposible ocultar las deficiencias que tiene la tributación sobre la renta desde las aludidas perspectivas de la equidad y la justicia. Así, no puede desconocerse que la fuente de renta más controlable y controlada por la Hacienda Pública es la que procede del trabajo; ni que un sector significativo de las rentas procedentes de las actividades empresariales sujetas al IRPF, están acogidas al régimen de estimación objetiva y, en consecuencia, tributan conforme a parámetros estimativos y no por sus beneficios reales, lo que evidentemente beneficia a quienes obtienen mayores ganancias por esta fuente de renta. Como tampoco puede desconocerse que, pese a su elevación en el referido Real Decreto-ley 20/2011, los rendimientos de capital están sujetos a tipos de gravamen proporcionales –aunque variables en función de su cuantía- que no alcanzan a los más elevados de la escala general del IRPF que soportan las demás rentas sujetas a este Impuesto.

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